La hora de salida del autobús de mi hija es a las 7:25 a.m. Para llegar con tiempo suficiente, sé que debo salir de mi casa a las 7:15. De lo contrario, corro el riesgo de tener que enviar un mensaje a los otros padres que llevan sus hijos a esa parada diciendo algo como: “¡La familia Hershfield está en camino! ¡Por favor, que el autobús espere por nosotros!”, lo que inmediatamente provoca un segundo mensaje de mi esposa diciendo: “¡No sé por qué no sales más temprano!”

El otro día, salí exactamente a las 7:15, pero me topé con varios semáforos en rojo en un tramo de carretera en que normalmente no me sucede. ¿Llegué justo a tiempo al autobús? Sí. ¿Tuve que solicitar a las otras familias que detuvieran el autobús y quejarme de lo injusto de las luces rojas? También, sí. Pero al día siguiente, cuando pasé por el mismo tramo con los semáforos en verde, honestamente, no recuerdo ese viaje porque no tuve que concentrarme en lo difícil que fue.

Tiendo a notar las luces rojas de forma desproporcionada e ignorar todas las veces que las luces verdes impulsan mi trayecto. Eso no es muy diferente de cómo solemos enfocarnos en los obstáculos aparentemente injustos que bloquean nuestro camino al éxito.

Perspectivas psicológicas sobre los obstáculos percibidos

Si alguna vez jugaste Scrabble® y te quedaste con un montón de vocales y consonantes raras, sabes lo fácil que es sentir que te tocaron fichas injustas. O, si has salido a correr o andar en bicicleta con el viento en contra, sabes que todo lo que puedes notar es lo difícil que es avanzar en esas condiciones.

Hace varios años, los psicólogos Shai Davidai y Tom Gilovich denominaron este fenómeno general como la “asimetría entre los vientos en contra y los vientos a favor”.

La idea básica es esta: a medida que avanzamos en nuestro día a día podemos creer erróneamente que enfrentamos más obstáculos que los demás o que experimentamos más desventajas que ventajas. Como demostración, Davidai y Gilovich pidieron a personas identificadas como miembros registrados de los partidos Demócrata y Republicano de los Estados Unidos que evaluaran cuán justo les parecía el sistema político estadounidense en cuanto a qué partido lo tenía más difícil con el colegio electoral, la financiación de campañas o la cooperación del Congreso.

En general, los demócratas creían que lo tenían más difícil que los republicanos. Pero los republicanos también creían que ellos lo tenían más difícil que los demócratas.

Y no solo ocurre en la política. Davidai y Gilovich también analizaron comentarios en el sitio web Reddit tras el anuncio del calendario de la Liga Nacional de Futbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés) para la próxima temporada. Los fanáticos pasaron casi el doble de tiempo quejándose de lo difícil que era su calendario en comparación con el tiempo que dedicaron a hablar de sus ventajas.

Cuando se les solicitó a los participantes que recordaran cómo los trataban sus padres en comparación con sus hermanos, informaron que sentían que sus padres los disciplinaban, sermoneaban y les prohibían cosas más a menudo que a sus hermanos. También era cierto lo contrario: sentían que sus hermanos recibían más elogios, libertad y atención especial.

Ya sea en deportes, política u otros ámbitos importantes, tenemos un sesgo porque los “vientos en contra”, u obstáculos, ocupan una parte desproporcionada de nuestra atención. Así que les prestamos más atención que a los “vientos a favor”, esas fuerzas fácilmente ignoradas que nos impulsan en la vida.

¿Por qué surge esta asimetría?

  1. Los obstáculos exigen más atención porque hay que enfrentarlos. Si estás revisando comentarios de un supervisor, los negativos deben abordarse; los positivos, en cambio, no.
  2. Los vientos en contra son más visibles que los vientos a favor. Davidai y Gilovich presentan el ejemplo de una caminata: la parte cuesta arriba puede representar la misma distancia que la cuesta hacia abajo, pero como pasas más tiempo subiendo, puedes pensar erróneamente que la caminata fue mayormente cuesta arriba.
  3. Nos motiva identificar los obstáculos superados y minimizar la ayuda recibida en el camino.

Este sesgo puede parecer gracioso, pero sus implicaciones son reales. Por ejemplo, la asimetría puede ser una razón por la que no expresamos gratitud tan seguido como deberíamos.

Nos acostumbramos tanto a lidiar con los vientos en contra —e ignorar los vientos a favor— que no reconocemos las fuerzas que nos ayudaron a llegar hasta aquí. Y expresar gratitud puede mejorar significativamente nuestro bienestar.

Implicaciones financieras del sesgo

También hay una lección en el ámbito financiero. En cierto modo, podemos considerar el crecimiento normal del mercado como vientos a favor. Cuando los mercados rinden como esperamos, solemos darlos por sentado.

Este enfoque excesivo en las caídas (vientos en contra), junto con la falta de aprecio por las ganancias pasadas (vientos a favor), puede llevarnos a tomar decisiones reactivas, como vender en baja o intentar anticipar el mercado. Todo esto puede desviarnos de un plan a largo plazo.

Una forma de contrarrestar este sesgo es dedicar más tiempo a reconocer nuestros vientos a favor. Por ejemplo, en tiempos tranquilos, los asesores financieros pueden ayudar a los clientes a “ver” sus vientos a favor destacando estrategias como el ahorro constante, los aportes del empleador y planes bien estructurados.

Sin embargo, no debemos prestar atención a los vientos a favor solo en tiempos tranquilos. Cuando soplan los vientos en contra, es útil recordar que son solo una parte del viaje.